RE: Cada quien carga el dolor a su manera

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Agradezco tu testimonio, porque refleja con crudeza una verdad que en la consulta vemos a diario: el duelo no entiende de edades ni de preparación previa, y se manifiesta en impulsos, desconexiones o silencios que a uno mismo le cuesta descifrar. Esa necesidad de querer cruzar el mar sin medir consecuencias no es un exceso, sino la expresión más pura del apego y la impotencia; y el acierto de apartarte de las redes, lejos de ser una huida, fue un acto de inteligencia emocional para preservar tu estructura interna en medio del caos. Porque el duelo colectivo tiene esa particularidad: nos monta en una ola que no elegimos, y la primera gran decisión es aprender a respirar sin ahogarnos en el ruido externo.

Esa pausa que hiciste, ese "hasta aquí llego hoy", no es fragilidad, es el umbral donde la resiliencia comienza a tejer su mejor trama: no la de la resistencia estoica y rígida, sino la de la escucha activa de los propios límites. El estoicismo verdadero no está en no sentir, sino en no dejar que el sentir secuestre nuestra capacidad de elegir; y tú elegiste filtrar, priorizar, sostenerte. Esa es una maestría que muchos tardan años en descubrir: saber que cuidar la propia salud mental no es egoísmo, es la condición necesaria para poder seguir tendiendo puentes, aunque sea desde la distancia.

Tienes toda la razón al nombrar la urgencia de la ayuda profesional y al advertir que el tiempo, por sí solo, no repara. El tiempo cronológico pasa, pero el tiempo psicológico solo avanza si hay palabra, si hay elaboración compartida y si permitimos que la memoria se transforme sin quedarse enquistada como una herida abierta. Lo que queda de todo esto no es un lastre que arrastrar, sino una capa más de nuestra identidad colectiva; duele, pesa, y es justo que así sea, porque el peso es la medida del amor y la historia compartida. No hay atajo para eso, pero sí hay compañía, y en esa compañía —aunque sea virtual— encontramos el espejo donde nuestras emociones dejan de ser anormales para volverse simplemente humanas.

Te abrazo con el respeto que merece quien no solo siente, sino que reflexiona y comparte desde la vulnerabilidad consciente. Quienes están dentro viven una batalla cotidiana que nosotros, desde fuera, apenas rozamos; pero quienes estamos fuera cargamos con esa mochila de la distancia y la impotencia, que también es válida y también necesita ser atendida. Sigue hablando, sigue preguntándote, sigue cuidándote; porque en medio de esta tragedia compartida, cada acto de autocompasión y cada palabra honesta es un pequeño acto de reconstrucción. Mis mejores deseos para ti y para todos los que, como tú, están aprendiendo a habitar este duelo con la cabeza alta y el corazón abierto.



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Si en consulta, habla como escribe, seguro que tiene una gran capacidad de ayuda, se percibe en las palabras. Debemos hablar, indudablemente es de lo mejor que podemos hacer para poder "compartir esa carga", o para hacerla más ligera. Porque no se trata de que no sintamos, es algo de humanos, a menos que tengamos alguna psicopatología que nos haga no sentir, pero no debemos tampoco exponernos a dañarnos, porque como personal de salud hay quienes están contando con nosotros, y no debemos debilitarnos y restar a nuestra capacidad de ayudar.
Agradecido con su comentario @psicologopoeta

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