Cada quien carga el dolor a su manera

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Muy bien lo dice @emiliorios en su publicación Sobrellevar y Superar el Dolor de una Tragedia -Solo Reflexiones, nada de Guías Inertes, "cada uno vive el dolor de forma diferente", y es esa una gran verdad, no podemos juzgar a alguien por cómo se siente o por cómo reacciona ante determinada situación de crisis.


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Imagen de StudioKlick | Pixabay

Particularmente, cuando estaba adolescente, solía no verles sentido a las formas de reaccionar de las personas adultas ante distintas circunstancias, puedo decir que me parecía hasta "exagerada", y no fue sino hasta que me hice adulto y ahora que ya he tenido contacto con tantas situaciones de desgracias de otros, así como algunas personales, cuando he podido saber que se siente y que cada persona reacciona y actúa dependiendo de las herramientas con las que cuente en el plano emocional.

Pero hay situaciones que hacen que nuestras emociones se muevan, se alteren, y que podamos tomar decisiones nada convenientes, que afecten nuestra vida en lo social e, incluso, en lo orgánico. Cuando ocurrió ese desastre en Venezuela, eso dos terremotos seguidos uno del otro, lo primero que hice fue llamar a mi mamá y abuela, que están allá, porque el estado Aragua, donde ellas están, también resultó bastante afectado, me preocupé mucho, por suerte, ellas respondieron rápido, y más allá del susto del momento, no pasó nada más allá.

Pero transcurridas unas pocas horas, ya circulaban decenas de videos de zonas en el estado, y del resto del país, y viendo todo eso, algo que no suelo hacer, me estresé, me afecté emocionalmente al ver tanta destrucción, y al saber que debajo de todos esos escombros había tanta gente esperando ser rescatada. Tuve un impulso de querer ir a mi país a ayudar, a visitar a mi familia y amigos, eso fue algo que pensé, sin contemplar de antemano nada más, como todas las responsabilidades que tengo aquí, ¿fue esa una reacción o un impulso exagerado?


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Imagen de KarolOlson | Pixabay

Pasaron los días y se sumaron ciertas cosas más en el plano emocional en torno a lo que pasaba en Venezuela, como por ejemplo, la respuesta tardía por los organismos oficiales, entre otras tantas cosas, que despertaron muchas emociones, y no necesariamente de las mejores en mí, y tuve que hacer lo que usualmente hago, alejarme de las redes, porque me estaba afectando mucho.

Luego empecé a saber de gente cercana a quienes sus familiares si les afectó en forma física, perdieron casas, incluso una compañera de la universidad, que estaba trabajando en Caracas, a estas alturas no ha sido encontrada, todo esto sigue siendo un golpe fuerte, este dolor colectivo no ha afectado prácticamente a todos, y podría decir que estamos enfrentando aun la crisis aguda, del momento, pero lo que quedará en cada uno de nosotros, para el resto de nuestras vidas, es algo que tendrá su peso también.


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Imagen de Portraitor | Pixabay

Y estamos en Duelo, todos, estamos aun procesando lo ocurrido, pienso que la ayuda psicológica es más que necesaria, tal vez para algunos también lo será la ayuda psiquiátrica, pero debemos asumir que lo que ha pasado es una tragedia, que nos ha afectado de distintas maneras, y que cada quien debe hablarlo, debe desahogarse, no nos podemos quedar con lo que sentimos en este sentido, porque dejarlo pasar como si sólo el tiempo sanará todo sin ningún tipo de intervención podría jugarnos en contra con el pasar del tiempo.

Les hago llegar a cada uno un abrazo, sé bien que son momentos difíciles, sé que estando dentro del país es una cosa diferente, porque todo esto se suma a las complicaciones que ya estaban presentes en el día a día. Mis mejores deseos para todos en sus vidas, cuídense mucho, no olvidemos nuestra salud mental, esto último es un punto muy importante para nuestro bienestar integral. Que tengan un bonito día.




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3 comments
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Me uno a estas sentidas y razonadas reflexiones, @apineda
Muchas gracias, amigo.

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De verdad que la procesión va por dentro, aunque vemos las expresiones de dolor y preocupación, nunca sabemos la profundidad de las heridas y el dolor emocional que está sufriendo la gente que perdió familiares, casas, empleos y mucho más en este reciente terremoto.

Ciertamente, más de uno vamos a necesitar ayuda profesional en algún momento para afrontar el dolor y superarlo; al menos es lo que yo creo.

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Agradezco tu testimonio, porque refleja con crudeza una verdad que en la consulta vemos a diario: el duelo no entiende de edades ni de preparación previa, y se manifiesta en impulsos, desconexiones o silencios que a uno mismo le cuesta descifrar. Esa necesidad de querer cruzar el mar sin medir consecuencias no es un exceso, sino la expresión más pura del apego y la impotencia; y el acierto de apartarte de las redes, lejos de ser una huida, fue un acto de inteligencia emocional para preservar tu estructura interna en medio del caos. Porque el duelo colectivo tiene esa particularidad: nos monta en una ola que no elegimos, y la primera gran decisión es aprender a respirar sin ahogarnos en el ruido externo.

Esa pausa que hiciste, ese "hasta aquí llego hoy", no es fragilidad, es el umbral donde la resiliencia comienza a tejer su mejor trama: no la de la resistencia estoica y rígida, sino la de la escucha activa de los propios límites. El estoicismo verdadero no está en no sentir, sino en no dejar que el sentir secuestre nuestra capacidad de elegir; y tú elegiste filtrar, priorizar, sostenerte. Esa es una maestría que muchos tardan años en descubrir: saber que cuidar la propia salud mental no es egoísmo, es la condición necesaria para poder seguir tendiendo puentes, aunque sea desde la distancia.

Tienes toda la razón al nombrar la urgencia de la ayuda profesional y al advertir que el tiempo, por sí solo, no repara. El tiempo cronológico pasa, pero el tiempo psicológico solo avanza si hay palabra, si hay elaboración compartida y si permitimos que la memoria se transforme sin quedarse enquistada como una herida abierta. Lo que queda de todo esto no es un lastre que arrastrar, sino una capa más de nuestra identidad colectiva; duele, pesa, y es justo que así sea, porque el peso es la medida del amor y la historia compartida. No hay atajo para eso, pero sí hay compañía, y en esa compañía —aunque sea virtual— encontramos el espejo donde nuestras emociones dejan de ser anormales para volverse simplemente humanas.

Te abrazo con el respeto que merece quien no solo siente, sino que reflexiona y comparte desde la vulnerabilidad consciente. Quienes están dentro viven una batalla cotidiana que nosotros, desde fuera, apenas rozamos; pero quienes estamos fuera cargamos con esa mochila de la distancia y la impotencia, que también es válida y también necesita ser atendida. Sigue hablando, sigue preguntándote, sigue cuidándote; porque en medio de esta tragedia compartida, cada acto de autocompasión y cada palabra honesta es un pequeño acto de reconstrucción. Mis mejores deseos para ti y para todos los que, como tú, están aprendiendo a habitar este duelo con la cabeza alta y el corazón abierto.

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