¿Hasta que edad juegan los niños? / Up to what age do children play?

Para mi la respuesta ya está muy clara, y es que la edad nada tiene que ver con la posibilidad de jugar, de crear mundos paralelos y de soñar y vivir con la mente de un niño, pues más allá de la edad biológica, en cada uno de nosotros sigue subyacente un niño/a, aunque muchos (por la razón que sea) insistan en mantenerlos ocultos.
Pero en este caso, la pregunta viene dada por la normativa de muchos parques y establecimientos, que impiden que un niño muy alto o quizás con edad de adolescente, tenga acceso a ello.

Yo soy de las que defiende el derecho de los niños a seguir siéndolos, no solo por el hecho de jugar, sino también por cuidar de la inocencia propia de esos años que no vuelven, y me enojo cuando sea con mis hijos o con algún otro, los adultos cercanos se empeñan en hacerlos crecer a la fuerza.
Recuerdo el caso de la hija de una amiga, que era una niña más alta que el promedio, y en un parque le dijeron que no podía usar los columpios, pues eso era para niñas pequeñas, y aunque ella tenía 8 años, pero estatura de 12 años, le prohibieron disfrutar de los juegos, y no por seguridad de otros más pequeños, sino porque no se ajustaba a la norma.

Igualmente he estado presente en casos en los que a los niños les convidan bebidas alcohólicas, solo porque ellos manifiestan curiosidad, sin pensar en las consecuencias que pueda tener una ingesta de ello, así sea en pocas cantidades. Puntualmente mis primos lo hacían con sus hijos, quienes además eran expuestos a chistes de doble sentido, para que ellos luego replicaran las mismas actitudes con mi hijo mayor, a quien defendía de sus avances, siendo mal vista por toda la familia.
En días atrás fui a un parque público con mi hijo menor, quien ya cuenta 11 años, aunque su inocencia sigue intacta en muchos sentidos, pero que ya empieza a mostrar los cambios propios de la pubertad. Al querer usar algunos juegos, me preguntaba si podía hacerlo, y como habían pocos niños, le decía que aprovechara y disfrutara de todos ellos, con la advertencia de que tuviera cuidado con los más pequeños.

Al sembrarle ese sentido de responsabilidad con respecto al cuidado de los otros, no solo le enseño un valor un tanto perdido en la actualidad, sino que valido también el derecho que le corresponde de divertirse usando algunos juegos que todavía siguen siendo de su interés.
Particularmente, soy partidaria de los juegos al aire libre o de aquellos que los inviten a desarrollar destrezas y habilidades mentales y motrices, antes de dejarlos a cargo de un aparato electrónico o una pantalla digital, mientras les hagamos entender que deben cuidar sus acciones para no perturbar a los demás, y entendiendo que sus derechos terminan en donde empiezan los de los demás.


For me, the answer is already very clear: age has nothing to do with the ability to play, to create parallel worlds, and to dream and live with the mind of a child. Beyond biological age, there is still a child within each of us, even though many (for whatever reason) insist on keeping that child hidden.
But in this case, the question arises from the policies of many parks and establishments, which prevent a very tall child—or perhaps a teenager—from gaining access.

I am one of those who defends children’s right to remain children—not only for the sake of play, but also to preserve the innocence characteristic of those irreplaceable years—and I get angry when, whether with my own children or someone else’s, the adults around them insist on forcing them to grow up too quickly.
I recall the case of a friend’s daughter, who was taller than average, and at a park she was told she couldn’t use the swings because they were for little girls. Although she was 8 years old but had the height of a 12-year-old, she was forbidden from enjoying the playground equipment—not for the safety of younger children, but simply because she didn’t fit the standard.

I have also witnessed situations in which children are offered alcoholic beverages simply because they show curiosity, without considering the consequences of consuming even small amounts. Specifically, my cousins did this with their children, who were also exposed to double entendres, so that they would later mimic those same behaviors with my oldest son—whom I defended against their advances, earning the disapproval of the entire family.
A few days ago, I went to a public park with my youngest son, who is now 11 years old. Although his innocence remains intact in many ways, he is already beginning to show the changes typical of puberty. When he wanted to use some of the playground equipment, he asked me if he could, and since there were few other children there, I told him to go ahead and enjoy them all—with the warning to be careful around the younger children.

By instilling in him that sense of responsibility toward caring for others, I’m not only teaching him a value that’s somewhat lost today, but I’m also affirming his right to have fun on playground equipment that still interests him.
In particular, I am in favor of outdoor play or activities that encourage children to develop mental and motor skills, rather than leaving them in the care of an electronic device or a digital screen—as long as we help them understand that they must be mindful of their actions so as not to disturb others, and that their rights end where those of others begin.

Foto/Photo by: @mamaemigrante
Banner de portada: Cortesía de @palabras1
Edición/Edited by @mamaemigrante using canva
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Hola, amiga @mamaemigrante.
Espero que disfrutes de un día tranquilo pero lleno de expectativas positivas.
¿Jugar? Yo sigo jugando, aunque no en los columpios; aunque la inocencia, sigo siendo inocente a pesar de los años. Pero entiendo tu punto de vista. Inevitable que crezcan y tropiecen. Antes o después. Solo podemos estar o tratar de estar para apoyarlos cuando nos necesiten.
Buena suerte. 🤞
Yo también sigo jugando, pero no en parques, juego con mis hijos en casa, y hasta con mis compañeros de trabajo a veces, que les hago alguna picardia.
Es cierto que existen reglamentos y que hay que cumplir , pero también existen las excepciones. Sin dudas hay que recordarle a quienes elaboran el reglamento tomarlas en cuenta. Por ejemplo la estatura es determinante, en el caso que tu señalas, pero también hay que ver si es que la niña cabría en esos aparatos; me refiero a los toboganes techados, o / a los túneles esos que tienen en los Macdonalds. En efecto, son estrechos y tal vez perjudicaría a la niña alta. Pero también ocurre lo contrario.Por ejemplo mi hija es toda una mujer, y sin embargo, debido a su estatura se monta en algunos aparatos aun. Jejej . Coincido y siempre lo hare en que a los niños no ae les puede quitar la ilusión de divertirse en los parques públicos. Ahora bien a nosotros los que tenemos "Cierta edad", pues montarnos en un tobogan infantil sería reventarlos. Hay que ir en busca de los columpios mas grandes y listo. Saludos mi querida @mamaemigrante
Ah no amiga, ya para uno son palabras mayores, pero a los 11 años todavía son niños, y me atrevo a decir que hasta los 13, pues muchos maduran tarde.
Es cierto la edad o el tamaño no debería estar en una norma para el juego de niños.
Me hiciste recordar que conocí el museo de los niños a los 12 años en una excursión que fue a la escuela, en ese museo estaba una molécula gigante que uno se introducia, a mi no me dejaron entrar porque era alta y me quedé triste en un rincón sin disfrutar de ese aparato, poco después un niño pequeño de unos 6 años se quedo atrapado porque metio un pie y se le doblo la pierna, no podia salir y nadie podía sacarlo a menos que fuera otro niño y adivina a quién le pidieron el favor 😁😆 a esta que esta aquí. Yo puse un rato mi cara de que no quería entrar por el rechazo que me dieron, pero después de que me pidieron el favor como 3 veces accedí jajaja. Y me divertí más porque fuí de rescatista. Chica este cuento no lo he contado aquí. @mamaemigrante 😉
Jajaja, te tocaba entrar si o si en la molécula.
Es que hay casos de casos, a mi me pasó hace algunos años en un McDonald's, con unos chicos como de 13 años, que al principio estaban bien, pero luego jugaban muy brusco y tuve que decir en la caja que les llamaran la atención, pues los mas pequeñitos no podian jugar por miedo a un golpe.