Cuando me fui sin despedirme

Esta historia ni bien empezó ya había terminado. Tenía desde el inicio un punto de cierre que ambos sabíamos porque lo dejé en claro desde el momento cero, solo que en tu caso, hiciste oídos sordos para sacar ventaja.
Los días se pasaban en tonos grises que yo me empeñaba en pintar de color, mientras, durante la espera, la tiña se iba posando sobre mis pies y fue avanzando poco a poco. La esperanza de que se fuera sola, era más fuerte que el frío que se iba quedando en mis extremidades. Confiaba en que si deseaba mucho tener algo, se materializaría...
Pero no basta con desear, sobre todo si la mitad del deseo depende de otro. Mis ajustes y mis esfuerzos se quedaron en solo promesas propias, que fui borrando con la misma velocidad que fueron escritas.

Los silencios eran el pan de cada día, y cuando te manifestabas, la emoción me hacía retroceder en lo que ya había ensayado mil veces para dejarte. Era un baile injusto, en el que los compases no eran iguales. Cada quien bailaba a su ritmo, y aunque me pisabas, yo seguía intentando bailar, porque necesitaba pensar que, con la práctica, lograría emparejar la coreografía.
Pero el tiempo pasaba y no perdonaba, ahora, yo tampoco deseo perdonarlo, sobre todo por el dolor que conlleva el darse cuenta que ya no vuelve atrás, y mucho más, porque veo la poca importancia que le dabas al que yo te dedicaba.
Cuando me di cuenta, ya estaba en la puerta de salida, dispuesta a irme sin maletas, pues no había nada que meter en ellas: no hubo fotos, detalles, ni nada tangible, solo recuerdos de momentos y los pedazos de mi corazón roto que ni me animé a recogerlos: eso ya no tenía sentido volverlos a unificar, pues a ese rompecabezas hacía mucho que le faltaban piezas.
Caminé con pasos cortos, con la respiración entrecortada, y la vista nublada por el llanto. Pero caminé y me alejé de esa quimera que me hiciste creer en un principio, a la que me había empeñado en decorar con colores y flores, con momentos y apodos cariñosos, con las ganas de construir algo entre nosotros, aunque lo que me dabas, eran bloques de aire.
Me fui sin despedirme, pues no tenía caso hacerlo. Jamás comprendí el por qué actuaste de esa manera, aún cuando lo que puse en la mesa fue un corazón remendado, mis pies descalzos y una esperanza clara, que se fue consumiendo por la tiña que ahora cubre todo mi cuerpo.

Me fui sin despedirme, viendo que sigues sonriendo como si nada hubiese pasado, como los niños que rompen un adorno y lo niegan, como si las brasas bajo mis pies fueran de juguete, mientras yo transcurro mis días en infierno.
Pero me fui! No sé a donde llegaré sin un corazón ni una esperanza que me guíe, llevando solo un caparazón vacío, pues sin darme cuenta te había dado todo, y yo me quedé caminando hacia el lado opuesto, llevando el peso de la culpa por no entender que esta historia ni bien empezó, ya había terminado.
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Bello relato, lleno de sentimiento; ojalá ese caparazón se llene de alegría y felicidad.
Sería lindo que ese caparazón encuentre alguien que lo llene de amor.
Ya sin lastre, liberada. Supongo que curada de la tiña. Olvídate del tiñoso y cómprate unas botas.
El "tiñoso" jajaja... me gustó ese apodo, yo le tengo uno más feo.
Una muy buena decisión, no tenia caso la verdad, seguir en una relación que no iba para ningún lado. Es mejor darse la oportunidad de vivir a plenitud con otra persona o inclusive sola.
Pues si, el sentido común dice eso, pero cuando lo vives, se siente un vacío que el eco de los recuerdos, atormenta.
Despertar es el primer paso de sanación, espero que te transformes y renazcas como el ave fénix. 🫠🥰
Es un proceso, algo lento para mis gustos, pero lo bueno es que ya empezó a suceder.
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Si bien pudiera ser un relato ficcional, pareciera que está embebido de vida propia, y algo de autobiográfico. Está muy bien escrito, con rasgos muy poéticos. Aparte: desprenderse de lo tóxico, sin aspavientos, en silencio, es quizás lo mejor. Saludos, @mamaemigrante.
Es un poco de todo lo que dices, casi una terapia para cerrar un ciclo terrible, pero que era necesario hacer.
¡Esas son las despedidas necesarias!
Totalmente, aunque sean muy dolorosas.
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Bien dice el refrán... Es preferible estar solo que Andar mal acompañado. Muchas veces luchamos por mantener viva una vida llena de conflictos sin darnos cuenta que,esa vida nos pertenece y no tenemos porque dejarla en manos de otro. Es importante vivir para nosotros. Y si tú decisión fue seguir el camino sol pero con paso firme y calzada pues es la mejor elección.